Tal leyenda no podía ser más oportuna, pues la empresa es legítima heredera de una tradición que se remonta a la primera mitad del siglo XVIII, cuando se concentró la construcción naval militar española en los arsenales.
Consecuencia de tal decisión fue la construcción del Arsenal de Ferrol. El establecimiento fue mucho más que un simple recinto militar. Sólo su presencia explica que una minúscula localidad a comienzos del XVIII pasara a ser la mayor ciudad de Galicia hacia 1800. Pero tan impresionante evolución demográfica se asentó sobre un casi completo monocultivo industrial: la construcción naval militar. Ferrol y su hinterland vivían por y para la Marina, por y para sus arsenales. Por ello, la decadencia de éstos en el primer tercio del siglo XIX extendió la crisis a lo largo de lo que hoy se conoce como Ferrolterra. Téngase en cuenta que el parón de la actividad fue brutal: si entre 1750 y 1800 el Arsenal botó más de 150 buques de todo tipo, entre 1800 y 1850 no llegó a la docena.
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